LEY PAREJA NO ES ESTÉTICA


hace unos días me tocó ir a una empresa ubicada en las cercanías de la autopista central con vespucio norte. tomé en plaza italia el transantiago expreso a quilicura (“magdalena quilicura”, te recuerdo!) y me bajé donde el transantiago paró: en la autopista justo bajo de vespucio.
no había manera “oficial” de salir de ahí. no había manera señalizada de caminar ni hacia el norte ni hacia el sur ni hacia el oeste ni hacia el este. era una grotesca isla entre latas de contención y autopistas y autos y camiones.
toda la gente que se bajó ahí (bastante gente) hizo lo que la necesidad dice que hay que hacer no más: saltar las latas y cruzar las calles llenas de autos que tratan de ingresar a la carretera. para tomar una micro de vuelta al centro las aventuras, pude ver, se pueden multiplicar por mil, porque o se camina bastante para llegar a un paso de peatones sobrenival o simplemente se juega a cruzar la autopista. en definitiva, un caos.
yo preferí caminar un poco, era una agradable mañana de agosto, si que decidí dirigirme hasta independencia, para tomar una troncal hacia el centro. el viaje me sirvió para observar como peatón algo que ya se me había hecho muy evidente como usuario de las nuevas autopistas urbanas: estas son unos monstruos. muros berlineses en medio de la ciudad. perspectivas visuales dictatoriales. frontones que delimitan aún con mayor violencia los pocos espacios públicos de tránsito y permanencia que existe en los barrios capitalinos.
paso habitualmente por renca y ahí a nadie le importó tirar no más la muralla que separa a vecinos de toda una vida. en conchalí los circuitos peatonales desaparecieron. en el sector sur de la capital el muro potencia la marginación y la esconde de la misma manera que pretende hacerlo el muro del cerro 18.
pero lo grave es que a todos nos parece normal que sea así. la carretera, el progreso, la conectividad vehicular nos parece de mayor urgencia y valor que la situación “particular” de las personas que viven en las zonas periféricas marginadas adyascentes a estas zanjas de modernidad ajena. por supuesto en ninguno de estos casos se postuló acaso la idea de la subterraneidad. por supuesto en ninguno de estos casos los comités locales alcanzaron a salir en prensa y alzar una voz de rechazo y de no tolerancia a progresos que no disfrutarían.
me parecería entonces una vergüenza que la futura vespucio oriente no sea superficial, sino subterránea, como pretenden los (ahora sí mediáticos) comités vecinales. si no hubo plata para la granja y renca, no debería haberla para la reina y ñuñoa. si las redes de “solidaridad” urbana no funcionaron hace cinco años, ley pareja indicaría que tampoco deberían reaccionar ahora. un metro subterráneo ya fue un acto bastante discriminatorio como para sumar uno más.
vespucio oriente debe ser superficial.
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