TERREMOTOS: LAS TEJAS

Los cuatro murales que engalanan Las Tejas son mi principal motivo para volver una y otra vez al famoso local de San Diego. La Tirana, Santiago bravo, Chiloé minguero, el Campo central. Hasta hace poco todos se caían a pedazos, se partían en costras insultantes y románticas a la vez. Pero hace unos meses comenzaron a repararlos y al menos uno ya está nuevito, fresco, ambientando certeramente la gran sala del recinto.

Ese es otro aspecto buenísimo de Las Tejas. La entrada angosta no permite vislumbrar el gran espacio interior, con un techo altísimo que impide que se acumule el humo. Lo mejor es cuando ya está lleno de gente cerveceando, métale parrilladas y perniles. Ahí gana el aspecto de un gran búnker, de un gran refugio. Esa grandeza cálida y protectora (de los emborrachamientos varios que ahí vivimos) cautivan, crean el lazo de fidelidad.

Más allá de eso, las cosas son más bien contradictorias. A veces recorre mesa tras mesa un anciano acordeonista casi sin voz que ameniza con rancheras, tangos y boleros. Es don Egidio Altamirano. Ahí todo parece en su sitio, propio de la naturaleza popular del local. Pero apenas calla la voz insigne, el butlizer se lo devora todo: ruido de platos, copas en salud, conversas borrachas y declaraciones poéticas. El regeatón no va con esos frescos y esos mozos de humita que levantan la resistencia bohemia de la ciudad. El butlizer es un lunar negro, y muchas veces bastante desagradable, del búnker de San Diego.

En mi última expedición por aquellas cercanías, el terremoto de la casa estaba en su punto, buenísimo. Pipeño de calidad, helado abundante y cremoso, su toque justo de ron. Aunque no se lo confesé a mis invitados, primera vez que me gustaba un terremoto de Las Tejas. ¿Habrá sido porque íbamos día jueves? ¿Será porque es primavera? Sospecho que los viernes la calidad baja de adrede, sobre todo la del helado, quizás como avara medida de racionamiento. Pero este último terremoto… ¡hum este último terremoto! Dejó a algunos bailando salsa y a otros cantando Mazapán… y a otros insultando por las retaguardias a su propia casa de estudios, a varios pasos de ahí. Y a mí con ganas de volver y no solo por querer mirar de nuevo sus cuatro grandes murales. ¡Ay qué terremotos de antología los de esa tarde! Para repetirlos.

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2 comentarios en “TERREMOTOS: LAS TEJAS

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