EL CHANCHO SEIS

Una hormiga gigante en su techo nos indica que estamos bajo tierra, más por resguardo que por ocultamiento. El Chancho Seis es así, un poco subterráneo como una madriguera o como un bunker donde de pronto pasan cosas mágicas. Invisibles desde el espacio exterior. El espacio, claro está, se encuentra a nivel de calle, pero adentro uno tiene la sensación de estar en el subsuelo o en una de estas cavernas rocosas. Y es que el espacio es íntimo, con la luz tenue justa, desconectado del mundo exterior.

Este Chancho tiene pocos meses de vida, pero su vida ha sido buena, brillante, excitante. Es piola, sobre todo, y con piola digo el mejor adjetivo posible que sobre un local logre decirse. Puede ser que solo haya conversa, puede ser que haya bossa, puede ser que haya los jaivas… una noche, de pronto, payadores para nada folkstar hacen resonar el guitarrón desde el rincón norte… otra noche son poetas (en eso andan, dicen) los que quiebran la vida silenciosa en la madriguera… o quizás sea el surco vibroso de un vinilo, de otro y de otro más, el que nos transporta a imaginarnos chanchos seis pretéritos… esas mismas calles, ese mismo glorioso barrio yungay… esa vieja gente que consagró aquel barrio al misticismo máximo de todo el centro.


En volá, el dueño del local detiene la música y comparte con los comensales uno de sus poemas. O parabienes insólitos dentro de esta modernidad que nos quieren hacer creer como únicamente alienante e impersonal. Pero ahí hay sangre. En sus palabras hay sangre, una sangre cálida y amiga, como no debería extrañar jamás encontrar en las venas de los locales bohemios de huérfanos, de libertad, de maipú, de rosas. Y siempre mueven a la risa y a la emoción al mismo instante. A la sensación de camaradería que llena la atmósfera de esta cueva.

Piola. Esa es la palabra que caracteriza este rincón de buenos amigos queriendo ofrecer un espacio de conversa y música. Piola. Piola su gente, piola sus paredes con arte, piola sus mesas con copas de vino, piola su invitación a ser felices. Sin hambre voraz por surgir a costa de cualquier trampa. Sin innecesaria parafernalia ni voladero de luces ni desgraciada estridencia. Sin autodenominarse nada ni autodeclararse nada ni autoimponerse nada. Piola. Atento a cualquier manifestación sincera que quiera teñir sus paredes. Subterráneo. Amigo. Nuevamente piola.

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