CLAROSCURO DE LA NUEVA LÍNEA DE METRO

Nadie se lo esperaba. Nadie la presagiaba. Cómo no haberlo imaginado antes. Antes de que finalizara el 2009 y en medio de la campaña presidencial en segunda vuelta, el gobierno de Bachelet anuncia la construcción de una nueva línea de Metro. En Santiago (dónde más, imbécil, dónde más!!). Si hubiera sido anunciada la mítica ya Lïnea 3,el único comentario obligado hubiera sido que este era un “ofertón de campaña”, pero es tan extraño e inusual el recorrido previsto que el anuncio dio paso más bien a cierto estupor y un alto grado de confusión (por ejemplo, que el Club Hípico, el lugar de macroeventos, tendría una de las estaciones).


(Wikipedia)

Desde hace un tiempo ya que la prensa santiaguina especulaba que la próxima línea de metro por construir, que sí o sí Bachelet anunciaría antes del fin de su mandato, podría corresponder a un trazado que no estaba en ningún plan original de transporte público capitalino. Un metro de Cerrillos a Providencia. Un metro que postergara una vez más la ya mítica Línea 3 del Metropolitano. Era, eso sí, una especulación más bien “sectorial”, solo limitada a los círculos de poder, de toma de decisión, de ingenieros bienintencionados que se paran frente a un plano de la gran ciudad y tiran rayas y líneas.

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Y así no más fue. Un poco de la nada surgió la ahora llamada Línea 6. La crítica más obvia, la de intervencionismo electoral, es la más tonta de todas (para qué hacerse los ingenuos y los sorprendidos con este tipo de anuncios en plena campaña). Lo que sorprende es que la oposición se empeñase de inmediato en solo potenciar esa línea de crítica, siendo que las otras concuerdan mucho más con una línea de “cambio” y de “nueva política”. Tema aparte, pero en este sentido la “nueva” derecha también ha demostrado que ellos no son necesariamente el cambio.

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La crítica de por qué la línea 6 sí y la añorada línea 3 no tampoco es la más relevante de todas.

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Es muy cierto que Independencia y Conchalí necesitan un metro. En realidad necesitan que el Transantiago funcione como debería funcionar, pero bueno, en Santiago los sueños de mejor vida se compran con metro. Los “expertos”, sin embargo, tienden a coincidir que construir una nueva línea que “llegue” a la 1, sin antes descongestionar en algo dicha línea, sería condenar al metropolitano al colapso. A la muerte. Hoy por hoy, y dado que el dinero grande no se está invirtiendo de verdad en el transporte de superficie (como debería ser), lo que urge es sacar gente de la línea 1, ya sea a través de una línea 1 prima (más subterránea y con menos estaciones) o líneas paralelas (poniente – oriente, por Santa María, por ejemplo, como se proyectó alguna vez).

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En los foros de discusión, además, se comentaba profusamente que la construcción de la línea 3 estaba decidida, pero que su anuncio habría sido postergado para que fuera la primera gran medida anunciada por Frei, en caso de que gane las elecciones. Pura especulación pura. Sabrosa y pura.

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Una crítica más interesante, creo yo, es la que indica que el nacimiento por arte y magia de esta línea 6, con un trazado especialmente particular, estaría hecho a la medida de intereses corporativos. Como comentan algunos por ahí, ninguna de las informaciones a las que uno puede acceder impiden pensar de hecho que es falso que presiones económicas privadas y muy grandes determinaron la existencia de una línea 6 tal como fue presentada. El trazado proyectado es muy transparente en ese sentido: Portal Bicentenario por un lado, Costanera Center por el otro. Este criterio empresarial, particular, está, bajo mi criterio, muy de la mano con la creciente discriminación que evidencia la lógica Metro para posicionarse en la ciudad (construcciones subterráneas en sectores alto, construcciones en altura en sectores medios y bajos; pocas estaciones en sectores medios y bajos; estaciones angostas, peligrosas, de bajo costo en sectores bajos). Más que ser un tren “para que las nanas y los trabajadores lleguen a Vitacura”, como imaginan en los foros, está pensado como un metro para Providencia – Ñuñoa y un tren expreso para el Portal Bicentenario, que es lo que de verdad interesa.

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Muy de la mano de esa perspectica, la crítica mayor que debe hacerse a este anuncio, incluso independiente del trazado anunciado, es que una vez más la ciudad se piensa solo en las reuniones de un grupo de ingenieros en una oficina de quizás qué torre y no “con” la ciudad, con los municipios, juntas de vecino, organizaciones urbanas y movimientos sociales. Nadie sabía nada. A nadie se le consultó, ningún pre-proyecto fue discutido con la gente de Carlos Valdovinos, de La Victoria, de Estadio Nacional, ninguna etapa previa consideró algo la opinión de esas personas. Nada. Obviamente, ahora todos temen (los de PAC y Cerrillos, obviamente, no los de Providencia) a expropiaciones y modificaciones radicales en sus entornos inmediatos (en pos, claro está, del “bien superior de la ciudad”), lo que indica que, sobre todo, la desinformación reina, las decisiones son cupulares y que nada se ha aprendido de la experiencia del transantiago y su manera de hacerse a espaldas de lo que los santiaguinos deseaban, necesitaban, soñaban, opinaban.

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Si esto ocurre con las medidas de alto impacto que afectan a Santiago mismo, qué decir de las decisiones de alto impacto que afectan a las regiones. Ni siquiera entraré en la otra también necesaria discusión sobre la equiparabilidad de recursos entre la capital y las provincias…

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…pero sí en la nula voluntad de hacer gobierno ciudadano de verdad cuando de un día para otro, desde Santiago, se proyecta una autopista para, no sé, la V región, se trazan los mapas, se decide qué se expropia y qué no, dónde habrá enlaces con caminos locales y dónde no, etc., etc., etc. Esa misma lógica brutal, elitista, cupular, es la que está detrás del anuncio de la línea 6 y es, sin dudas, la que ha llevado a que las obras públicas en Chile se hayan vuelto socialemente indolentes y discriminantes. Las autopistas que cercenan Lo Espejo y Puente Alto (porque, por supuesto, Américo Vespucio La Reina será subterránea) son crueles ejemplos de lo anterior. Y no es una lógica solo concertacionista, pues ninguna de las críticas que provienen del piñerismo apuntan en esta dirección de fondo, solo en aspectos muy superficiales, lo que lleva a pensar que no proponen ningún cambio en el modo de tomar decisiones de ciudad, de comunidad. Es una manera basal de hacer política la que está profundamente errada.

Sinceramente me alegro por mucha gente de Pedro Aguirre Cerda y de Santiago Poniente, ya que el metro proyectado sin dudas les permitirá pensar que viven mejor. Pero no creo que Santiago, como ciudad, viva mejor. Con criterios particulares y determinados a espaldas de la gente, no se aspira a obtener todo lo infinitamente bueno que una decisión como esa podría generar.

Otras fuentes:

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