TERREMOTOS: LAS PIPAS DE SERRANO

Como debía esperar una hora para que en San Diego arreglaran mi bicicleta, me puse a caminar por las calles del barrio haciendo el tiempo. en eso estaba cuando, en medio de las angosturas y junto a las fachadas añosas de calle serrano, me encuentro en toda una esquina con un restaurant que se impone de inmediato por presencia y por estampa: Las Pipas

Lo observo primero de reojo. Luego de frente y luego por el costado. Por el frente, en toda la esquina, se entra al bar viejo, un espacio pequeño, con barra, donde se sientan a cervecear la tarde los parroquianos de toda una vida. Por el costado, en cambio, se entra a una gran casona de amplias habitaciones interconectadas laberínticamente, cielo alto, puertas de doble hoja y ambiente de picá clásica, enlazado con el bar esquinero por un misterioso pasillo.

Ya que el menú de bienvenida señalaba que la presencia de terremotos, me decido a entrar mientras el tiempo pasa y mi bicicleta se va poniendo buena. El pasillo de la vieja casona va introduciendo al visitante en las distintas habitaciones, llenas de risa, conversa, empanadas, cervezas, gente saliendo de los talleres vecinos, grupos de trabajadores bulliciosos y risueños, parejas confidentes que comparten una pichanga y garzonas gorditas y alegres, amables, sonrientes y vestidas de riguroso negro.

Me ubico en un costado del salón central, al lado de una hermosa y antigua silla de mimbre que impacta de inmediato a la vista.Las mesas y las sillas también son de estilo clásico, de esas que había en casa cuando éramos niños. Es, sin duda, un lugar preciso para disfrutar de un buen terremoto.

Pronto descubrí que la decisión de hacer hora en ese local de Serrano esquina Eleuterio Ramírez había sido completamente acertada. El terremoto estaba delicioso. Según mi paladar, no tenía el tercero de la fiesta, es decir, el fuerte, pero eso no era impedimento alguno para disfrutarlo de principio a fin. El pipeño era de excelente calidad, suave y dulce, y muy helado, aspecto que se agradece porque amabiliza el primer sorbo. El helado de piña, por su parte, era el suficiente para generar los contrastes de sabores (aunque aún pienso cómo sabrá el terremoto ariqueño, con maracuyá, tal como nos comentaban parroquianos de la puerta del país). Un gran terremoto, sin dudas.

Algo engalana de sobre manera el local y son una serie de fotografías que no solo adornan sino que discursean las paredes de Las Pipas. Averiguando, averiguando, todas ellas son del dueño del local, Don Oscar Rivas, amante de la fotografía documental y provinciana. La muestra actual contaba con más de quince tomas de un gran asado al palo y cocimiento en algún lugar recóndito de un invernal Chiloé. El diálogo con el local era especial: los rostros fotografiados eran todos de gente que mostraba placer y alegría en el compartir un milcao, un trozo de cordero, un vaso de vino. Hombres y mujeres se reunían en torno a la comida, en torno al fuego y en torno al bebestible, y las imagenes proyectaban claramente que esa alegría, sincera y comunitaria, era parte de sus vidas humildes, trabajadas, friolentas y olvidadas del sur. Zona sur del país en el barrio sur del centro de Santiago. Hermosas fotografías, sin duda, que en otros tiempos se destinaban a graficar, según me contó una de las señoras que atendía el local, a la fiesta de la Tirana o a otras celebraciones provincianas, llenas de música, calor humano, comida y bebida.

La hora ya había pasado y mi terremoto ya lo había disfrutado lentamente mirando las fotografías, escuchando la risa de los comensales vecinos, observando el coqueteo silencioso de un parroquiano y una garzona. Mi bicicleta me esperaba ansiosa, con zapatos nuevos. Yo me fui feliz de haber conocido una nueva picá en el Santiago clásico, con un terremoto dulce y frugal y un ambiente que invitan a volver.

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9 comentarios en “TERREMOTOS: LAS PIPAS DE SERRANO

  1. Yo tengo la suerte de estudiar vespertino en el IP Los Leones que está a la vuelta… Y es infaltable que todos los viernes pasemos por un terremoto y una Chorrillana (es cierto que su aspecto deja mucho que desear, pero son realmente increíbles)… Local es espectacular.. ámbiente familiar todo el rato… NO faltan los viejos chichas pero para los que nos gusta esta onda bien a lo chileno… Esta súper…

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  2. Muy buena descripción y el relato bien ameno y preciso, sin eufemismos y transmitiendo lo que has sentido en el bar. Las fotos bien buenas también. A mi me gustaría hacer algo así pero recorriendo todos los bares de stgo delimitados por barrios, hacer un “mapeo” de los bares, junto con una descripción crítica de su atención, precios, etc. Saludos por la iniciativa

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