2011: EL AÑO EN QUE LAS CALLES DE SANTIAGO VOLVIERON A VIVIR (I PARTE)

Lunes 09 de mayo de 2011, primera protesta por Hidroaysén
15 mil personas se reunen convocadas por redes sociales frente a la aprobación del proyecto de centrales hidroeléctricas en Aysén. Como la masiva reunión se organizó durante esa misma tarde, no existía ninguna autorización para una manifestación pública y, por lo tanto, es rápidamente reprimida por carabineros, con lacrimógenas ycarros lanzaagua a lo largo de todo el Parque Bustamante. Un grupo de 500 personas aproximadamente logra reorganizarse y llega a la Plaza de la Ciudadanía a protestar frente a La Moneda. Empieza la lucha para que las calles sean nuestras.

Imagen obtenida desde internet

Jueves 12 de mayo de 2011, primera marcha por la educación

Comenzaba el movimiento social que ha marcado definitivamente este año y que, aunque áun no sabemos si logrará obtener el profundo cambio al modelo que se propone lograr, ya ha provocado un cambio de magnitudes insospechadas hace tres meses: la recuperación definitiva de la calle como espacio alegre e integrador de participación social y ciudadana. El proceso revolucionario comenzó ese 12 de mayo, con una marcha de “escasas” 20 mil personas, que recorrió la Alameda hasta Portugal y de ahí bajó por Curicó hacia Tarapacá, Paseo Bulnes y Parque Almagro. Con el cristal de las marchas venideras, esta era una marcha aún algo tímida, con muchos temores sobre qué significaba convocar a la luz del día a más de 20 mil estudiantes. Finalmente, fue la que prendió la mecha, junto a las de Hidroaysén, para que los santiaguinos volviéramos a sentirnos plenamente motivados y envalentonados (“empoderados”, se dice ahora) para ocupar libre y decididamente los espacios de circulación socia

Imagen obtenida en internet

2011 Marcha estudiantil from NAU Nueva Acción Universitaria on Vimeo.

Viernes 13 de mayo de 2011, segunda protesta por Hidroaysén

Gran protesta por la aprobación de Hidroaysén. Al menos 45 mil personas se reunieron en Plaza Italia y comenzaron a marchar por la Alameda, en una marcha autorizada cuyo recorrido original era Alameda, Portugal, Curicó, Bulnes. La masividad de la convocatoria sorprende a los (medios y poderes) santiaguinos, sobre todo por ser un viernes en la tarde. También sorprende que no hubiera “banderas políticas”, sino solo gente, sin representación de partidos. La gran masa de personas, compuesta por personas de todas las edades, llena de pancartas alegres, ingeniosas y provocativas, junto a la música de los tinkus y las comparsas, desafía a carabineros para seguir marchando por la Alameda hacia La Moneda. No hay disturbios por parte de los manifestantes, solo una bulliciosa y alegre espera y presión en Alameda con Portugal para seguir río abajo, hasta que, una hora después, carabineros pierde la paciencia y comienza a dispersar a la gran marcha con lacrimógenas y chorros de agua con gases. Explotaba, por entonces, la polémcia por la posibilidad de que las lacrimógenas provoquen efectos abortivos.

Un grupo de al menos 5 mil personas logra reorganizarse y llegar hasta la Plaza de la Ciudadanía, para protestar con una velatón frente a La Moneda. Nuevamente son reprimidos por Carabineros.

Imagen obtenida desde internet

Viernes 20 de mayo de 2011, tercera protesta por Hidroaysén

Antesala de un 21 de mayo masivo y tenso en Valporaíso, con amenazas de que carabineros reaccionaría con singular fiereza. La tercera marcha por Hidroaysén sí se realiza por toda la Alameda y reune sobre 50 mil personas (los organizadores hablan de 100 mil). Lo relevante de la marcha fue que con ella por fin se recuperó la Alameda para las grandes movilizaciones ciudadanas. La presión social lograba que se pudiera marchar por donde entendemos que debemos marchar siempre, por la principal vía capitalina. La prensa reacciona criminalizando la marcha y solo se centra en el lamentable incidente de un joven que golpea con un skater a un carabinero abandonado por sus compañeros.

El plan original de la marcha era partir en Plaza Italia, llegar a La Moneda y desde ahí devolverse, marchando, al límite con Providencia. La multitudinaria convocatoria hace inviable esta segunda parte de la marcha y carabineros responde con una gran operación rastrillo desde el centro hacia el oriente, lo que aumentó la tensión en barrios que inicialmente estaban tranquilos (por ejemplo, bifurcación de Diagonal Paraguay, por donde inicialmente solo pasaba gente que ya se retiraba de la manifestación). El gallito de quién es el dueño de las calles continuaba.

Imagen obtenida desde el blog “La Última Pregunta”

Lunes 13 de junio de 2011, inicio de las 1800 horas de corrida por la Educación

La historia dice que, de pronto, un joven que estaba organizando las manifestaciones y tomas por, lo que se decía entonces, “una” reforma educacional, comenzó a correr. El joven había estado con un grupo de amigos comentando un informe que indicaba que se necesitarían 1800 millones de dólares para asegurar un año de financiamiento universitario, ante lo que habría dicho “corramos entonces por alrededor de La Moneda por 1800 horas”… Y se habría puesto a correr, ante la sorpresa e incredulidad de los demás. Al ver que el joven no paraba, los demás comenzaron a apañarlo y a invitar por las redes sociales a que se sumaran a la corrida. Nadie había calculado, de seguro, cuánto eran 1800 horas, pero bueno, la bolita ya se había echado a correr. Carabineros decide intervenir, con cordura por suerte, y les comunica a los organizadores que no pueden correr en las mismas inmediaciones de La Moneda, sino que en un perímetro un poco mayor, que es el que finalmente se consagró como definitivo: vereda norte de Agustinas, vereda poniente de Teatinos, vereda sur de la Alameda, vereda oriente de Morandé, retorno a vereda norte de Agustinas.

Y ahí están, desde entonces, corriendo y corriendo sin parar. Día y noche, con sol o con lluvia. Son estudiantes de secundaria, universitarios, padres con sus hijos, maratonistas (que han corrido hasta 6 horas). La gente les da su apoyo al pasar por el lado y ellos siguen corriendo y corriendo. Por el centro, en torno a La Moneda. Entre medio de los transeúntes, esquivando a veces los autos. Portando banderas negras, banderas chilenas y lienzos hechos para la ocasión. Corriendo y corriendo… hasta el próximo 27 de agosto, cuando se cumpla la meta. Parecía lejana, pero 27 de agosto ya es mañana y jamás se dejó de correr por las calles de la ciudad.

Imagen obtenida desde el sitio “Asamblea autoconvocados”

Jueves 16 de junio de 2011, segunda marcha por la educación

El primer carnaval por la Educación por la Alameda. La convocatoria supera fácilmente las 100 mil personas y la fiesta de colores, comparsas y carros alegóricos dura dos horas y media desde Plaza Italia hasta Los Héroes. Como nunca, o como hace mucho tiempo no sucedía, el centro se ve envuelto en una alegría desbordante y contagiosa. Ver, estar con tanta gente en la Alameda, ocupando el espacio público, exigiendo una nueva carta de ciudadanía, emociona a toda una generación que no observaba tal manifestación popular desde hace décadas, después de años de apatía y excesivo abandono de la participación política (en el más alto sentido de la palabra) en manos de los partidos y de las “autoridades”. Otras generaciones jamás habíamos conocido tal posibilidad, pauteada, digámoslo, por las nuevas camadas de secundarios y universitarios (ex-pingüinos) que nada saben de políticas copulares y acuerdos en la medida de lo posible. Para ellos, el movimiento del 2006 fue el ensayo general de lo que comenzaban a luchar este 2011 y el nuevo movimiento lo convierten en un  gran carnaval. Es el despertar de la ciudadanía en la ciudad, para advertir a los medios y a los grupos de poder que no estamos acá simplemente para acatar el modelo impuesto, sino para participar y promover los cambios sociales. A muchos les cuesta entender que esos cambios sociales ocurren primero y principalmente en las calles. Ahí la gente observa qué es lo dice y piensa el otro, cómo dispone de su cuerpo en pos de un objetivo, cómo externaliza su idea, su espíritu, en una pancarta, en una canción, en una instalación. Ahí es el lugar donde se enriquece la discusión, el proyecto, los sueños. Ahí es donde la idea de colectivo se materializa y se vuelve metáfora de la patria. O la patria se vuelve extensión de la marcha. Y para eso fue hecha la ciudad, ¿no? Para que los ciudadanos se encontraran, dialogaran y avanzaran.

Imagen obtenida desde Terra

Viernes 24 de junio de 2011, Thriller por la educación

De seguro no fue el primer flashmob realizado en Chile, pero sí el primero con alto impacto mediático y clara intención política. En la práctica, no fue tan flash (se ensayó paralelamente en todas las facultades de la Universidad de Chile por al menos una semana), pero sí contenía toda la inteligencia e irreverencia de una juventud muy distinta a la mía o a la de mis generaciones anteriores. ¿De dónde habían salido estos cabros deseosos de llenar con su presencia los espacios públicos? Sin dudas, su aparición no viene de la nada. Por años se vino incubando esta generación desfachatada en, al menos, dos vertientes: el uso de las plazas por parte de los llamados pokemones y el uso de las plazas por parte de lo que yo llamo el nuevo mambo santiaguino. El desarrollo de estos enriqueció las marchas; el de ellos, el de los flashmobs y otras intervenciones callejeras que se han dado en este invierno chileno.

Las tribus urbanas aparecieron mediáticament en Chile ya hace varios años, probablemente para el pingüinazo del 2006, y dentro de ellas los así llamados pokemones han sido de las más provocadoras, irreverentes y desestabilizadoras del canon tradicional sobre cómo vivir en la ciudad. Todos los viernes se reunen en el sector en que vivo, en el Parque San Borja, así que he podido convivir con ellos frecuentemente. Y efectivamente, todo lo que ellos representan podría resumirse en una manera distinta de vivir la ciudad. Lo público. Su sexualidad, sus relaciones sociales, su música, sus gritos, su desafío a la autoridad (especialmente a Carabineros), su para mí curiosa convencionalidad temporal (es siempre todos los viernes, después de las 15 horas y hasta las 22… jamás se quedan después del último metro), sus cortes de pelo, su ropa transexuada, sus ensayos eternos de coreografías en pleno pasillo exterior al edificio del supermercado, su alcoholismo pueril, su desvergüenza fresca y rupturista. Por meses, por años, ellos han estado madurando su ocupación de la ciudad al choque, su exigencia del derecho a estar, a hacerse notar. No piden permiso ni creen, entiendo, que deban pedirlo. Advierto que tampoco quieren dejar de ser citadinos (como tantos en mi generación). No tienen el pudor de lo público que tenemos como cruz los mayores de 25 años. Juegan a ser libres en los excesos compartidos.

Ellos le han dado una nueva posibilidad a la manifestación política. Y de seguro no lo buscaron ni se lo propusieron, porque son generaciones que entienden que eso que se llama política es una acción bastardada muy distinta a la que ellos llevan a cabo. Uno es el que advierte la dimensión política de sus acciones y la renovación total de las formas que ellos están proponiendo.

Los flashmobs llegaron a Santiago para quedarse. El Thriller por la educación fue el primero de muchos que este invierno se han llevado a cabo. La generación pokemona, con orgullo y coraje, se ha puesto los pantalones largos de vivir políticamente la ciudad.

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