2011: EL AÑO EN QUE LAS CALLES DE SANTIAGO VOLVIERON A VIVIR (II PARTE)

23 de junio, marcha de secundarios por Mapocho

Fue una marcha principalmente de secundarios, de pingüinos, pero fuertemente apoyada por universitarios. Las ganas de salir a la calle habían quedado altas después de la última convocatoria, pero esta marcha tuvo expectativas atenuadas porque el trayecto no sería por la Alameda y porque desde ya se notaba que el grupo más silenciado de todo este proceso iban a ser los secundarios (hasta la aparición de Labbé, por un lejano septiembre aún).

Ver la masa de miles de estudiantes caminando por Andrés Bello y por el Parque Forestal no dejó de ser impactante y todo el sector de Mapocho se llenó de pancartas, cantos y bulla irreverente, porque en eso los secundarios tienen más fuerza y desfachatez para ocupar el espacio público, versus los universitarios, algo más contenidos en sus gritos, pero más variados en las puestas en escena.

Balmaceda y San Martín completaron un trayecto emocionante, por la cantidad de personas que salían a los balcones a saludar la marcha, sobre todo niños y personas de la tercera edad. Era gente alegre de ver su calle con tanta música y canto del Qué lo vengan a ver, qué lo vengan a ver, esto no es un gobierno, son puras leyes de Pinochet.

La marcha fue grande, pero no desbordante. Quizás 20 mil, quizás 50 mil. Y fue una marcha con final violento, ya que nuevamente carabineros reprimió el mero acercamiento a la Alameda y la acumulación de gente en su bandejón central. La respuesta de encapuchados no se hizo esperar y todo terminó con minutos largos de escaramuzas, lanzaguas y lacrimógenas. Comenzaba el invierno callejero santiaguino.

30 de junio de 2011, Gran Marcha por la Educación

La más hermosa e importante marcha de los últimos 30 años. Desde las grandes protestas nacionales de la dictadura que no ocurría algo similar en el país y ni los cálculos más optimistas hacían pensar en un marco de gente tan multitudinario, efervescente y creativo. Ya he comentado en otra entrada una foto histórica sobre tomada ese día

Hay que insistir en dos cosas en relación a ese día histórico. En primer lugar, el ambiente de carnaval que tan rara vez de conjuga en las calles de Santiago. Probablemente fue la marcha con más carros alegóricos, comparsas, afiches ingeniosos, cantos nuevos, colores, mimos, payasos, disfraces (los pacos perros, de antología), pancartas colorinches, orquestas, bandas, quitasoles y un sinfín de artículos que provocaban de manera definitiva a la apacible vida de la capital. La Alameda estuvo colmada por las dos pistas desde Plaza Italia hasta la Universidad de Chile y toda la gente salía de sus oficianas y tiendas a ver la multitud eterna, a hacer flamear sus banderas, a reir, a gozar del espectáculo. La ciudad entera se paralizaba para gritar con alegría y convicción por una reforma educacional profunda y general.

El segundo aspecto, relacionado con el anterior, es que acá quedaba demostrado que esta generación de universitarios y jóvenes marchantes se vino forjando en las plazas del barrio Yungay, en la plaza Brasil, en las tocatas del nuevo manbo santiaguino. Jóvenes que ya hace una década viene tomándose los espacios públicos con música latinoamericana, mucha cumbia, mucha danza andina, mucho color en la vestimenta, mucha wipala flameando, mucho liberar liberar al mapuche por luchar. Es una generación paralela a la pokemona, base de los flashmobes, también protagonista de todo este renacer de las calles santiaguinas; pero la que ahora comento es una generación de mayor edad y que se vino tomando las plazas y las avenidas con cierta persistencia en la fiesta del roto chileno, en las comparsas callejeras, en las tocatas al aire libre de cueca brava y de raggamufy, y en las marchas, pequeñas ahora, pero siempre energéticas, a favor de los mapuches o en contra de Pascua Lama de años anteriores. Los callejeros y los pokemones son las dos generaciones que surgieron y se desarrollaron en el Chile de los dos mil y que eclosionaron este año, potenciadas, en las grandes marchas por la Educación y, hay que decirlo, por una recuperación distinta, definitiva y radical, de las calles y los espacios compartidos. Dos líneas generacionales silenciadas por los medios, pero que son fáciles de encontrar en las plazas y en los parques, sin pudor ni vergüenza por estar en el mundo de lo público, tensionando el mundo de lo privado la mayoría de las veces, y por lo mismo enriqueciendo la condición de ciudadanía de todos.

Un cuadro así obviamente iba a resultar muy perturbador e incomprensible para muchos adultos y, sobre todo, para la añeja clase política (transversalmente hablando). La visión monocorde de los pingüinos del 2006 que habían querido hacer permanecer en el tiempo se les convertía ahora en una pesadilla humana, viva y energética. Y callejera. El impacto de ver tanta provocación marchando por la Alameda frente a La Moneda… casi con indiferencia al Palacio de Gobierno, marchando porque la calle es nuestra, marchando porque marchar es lo importante, debe haber generado ataques múltiples a los dirigentes políticos de todas las bancadas. Cualquier otro gobierno un poco más conectado con las nuevas generaciones hubiera comprendido que acá ya estaba pasando algo muy fuerte y hubiera alabado el espíritu de paz y alegría de la inmensa mayoría de los manifestantes. A tal punto que Carabineros tuvo que reconocer que los incidentes finales los produjeron no más de 60 personas… ¡¡en una marcha de al menos 200 mil almas!! Y sin embargo, el gobierno salió diciendo que se había acabado “el tiempo de las marchas” y que se terminaban los permisos para hacerlo por la Alameda. “Se creen dueños de la Alameda” llegó a decir cándidamente uno ministro de gobierno, más bien constantando la realidad.

Un día tan hermoso como ese es difícil que se vuelva a repetir en las calles de la ciudad, aunque con estas nuevas generaciones que vienen siempre es posible hacer desbordar las viejas alamedas y convertirlas en nuevas, sin miedo, sin odio y sin violencia.

Fines de junio e inicios de julio, Playas de Lavín

Genialidad e irreverencia estudiantil que comenzó a botar a un ministro. Para fines de junio ya todos los indicios señalaban de que el movimiento estudiantil sería de larga trayectoria y fuerza incombustible. El ministro Lavín intentó burdamente contrarrestar esa energía declarando de manera adelantada las vacaciones de invierno, en lo que fue una de las primeras medidas desesperadas y confusas de la administración piñerista en torno al tema educacional (la otra, prohibir las marchas por la Alameda… luego vendría el GANE).

Los secundarios respondieron a la ingenua maniobra con una verdadera bofetada de creatividad. ¿En qué parte de su memoria de vida estaban las populistas playas del mismísimo Lavín casi una década atrás, en pleno Parque de Los Reyes? Sea como sea, la iniciativa surgió de inmediato y se reiteró varios días, primero en el Liceo 1, luego en otros establecimientos en toma, después en la Plaza de Armas, siguió fuera de la Casa Central de la Universidad de Chile y concluyó con una gran playa de Lavín fuera del Ministerio de Educación.

No insistiré en la absoluta renovación de la concepción del espacio público presente en esta acción punzante, al hueso, irreverente y cargada de contenido político duro sin transar la alegría y el color. Sí hay que insistir en esto último: la ocupación del espacio público es la nueva forma de hacer política. O quizás habría que decir vuelve a ser la forma de hacer política. En tiempos de discusiones estériles en los partidos políticos y en el Congreso, con un porcentaje cada vez mayor de adultos no ciudadanos, con una calle sin opinión ni postura, los secundarios hacen política profunda y contingente a la vez en la calle. Ahí se expresan las ideas, ante la profunda desconfianza frente a las fórmulas convencionalizadas, y ahí se contrastan las visiones, ante la inexistencia de otros canales de opinión y deliberación.

¡¡La calle, siempre la calle!! Después del reinado civil del mall, espacio donde se pretendió situar y concentrar la vida pública del cliente-ciudadano, tenía que volver la calle. No había otra posibilidad. Y volvió este año, para quedarse. Para generar vida en común. Para conocernos en Santiago.

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